Dentro del archipiélago Canario nos encontramos en su parte más occidental con la Isla de San Miguel de La Palma, conocida también como La Palma o como  “La Isla Bonita”, situándose la misma al noroeste de Tenerife y al norte de la isla de El Hierro. Esta pequeña isla de 708 Km2  que surgió del océano por acción volcánica hace  aproximadamente unos dos millones de años, ofrece a sus visitantes una enorme lista de aspectos interesantes, curiosos e incluso espectaculares que la convierten en un destino ideal para los amantes de cualquier actividad relacionada con montañismo, senderismo, espeleología, vulcanismo, geología, botánica, biología, submarinismo, vuelo sin motor, astrofísica, fotografía,... y en general para todos aquellos que buscan un destino poco masificado, con un alto nivel de seguridad y muy tranquilo, a lo que se suma en esta isla la amabilidad y hospitalidad  de su población, la cual  ha sabido modernizarse conservando su identidad y tradiciones.

 

No es difícil deducir que si tenemos poco territorio y mucha altura, las pendientes del terreno tienen que ser muy pronunciadas, consecuencia de ello la acción erosiva del agua ha sido muy agresiva, sobre todo en la parte norte de la isla, donde ha llegado a excavar profundos barrancos con paredes casi verticales, al mismo tiempo que hacía desaparecer las señales más obvias del antiguo vulcanismo, conformando un suelo accidentado y de difícil acceso en el que la evolución parece haberse detenido, pues al no haber existido alteraciones del medio natural provocadas por la mano del hombre ni tampoco por la llegada de especies extrañas, nos encontraremos aquí con espectaculares y densos bosques de laurisilva en un estado de conservación envidiable y de un extraordinario valor, razón por la que una gran parte de esta comarca ha sido declarada por la UNESCO  Reserva Mundial de la Biosfera con el nombre de: Reserva de Biosfera “Los Tiles”, gestionándose en la actualidad extender esta figura de protección a todo el territorio insular.

 

Al recorrer la isla, llama la atención lo espectacular de su topografía, pues en un territorio tan reducido nos encontramos con más de doce cumbres que superan los 2.000m., por lo que podemos decir que La Palma es una de las islas más altas del planeta, hecho que, unido a un estudio en el que se determinó que el cielo de esta isla es de los más limpios del hemisferio norte, ha llevado a la Comunidad Científica Internacional a construir aquí, en el pico del Roque de Los Muchachos de 2.426m, el principal asentamiento de uno de los observatorios astrofísicos más importantes del mundo, el Observatorio Internacional de Astrofísica de Canarias.

Si a donde nos dirigimos es al sur de la isla, nos encontraremos con una zona mucho más activa geológicamente, pues no en vano aquí han surgido las últimas erupciones volcánicas, de la cuales existe numerosa documentación: Volcán de Tacante (entre 1.470 y 1.492), Volcán Tajuya-Jedey (1.585),  Volcán del Martín (1.646), Volcán de San Antonio (1.677), Volcán del Charco (1.712), Volcán de San Juan (1.949) y la más reciente erupción de Canarias, Volcán de Teneguía (1.971). Es de destacar, además de las montañas, cráteres y coladas, la existencia de gran cantidad de tubos de origen volcánico, algunos de ellos muy interesantes y de fácil acceso, aunque otros pueden alcanzar longitudes muy considerables llegando incluso a constituir caprichosas redes de túneles subterráneos definibles como verdaderos laberintos.

La Palma es “un pequeño continente” con numerosos microclimas que, por ejemplo, nos pueden permitir, en poco más de una hora de coche, pasar de estar bañándonos en la playa a subir a la cumbre y jugar con la nieve; o mucho más impresionante, que podamos estar bajo un sol radiante a más de 20º C y que con sólo cruzar un túnel de poco más de un kilómetro  tengamos que sacar el paraguas porque esté lloviendo a cántaros. En resumen, pocos destinos son capaces de ofrecer en tan poco espacio de terreno tanta variedad de paisajes y microclimas, lo cual permite realizar durante todo el año numerosas y variadas actividades al aire libre.

Pero La Palma no es sólo naturaleza, pues desde el siglo XVI que se instalaron  los primeros ingenios azucareros y adquiere gran renombre su producción vitivinícola, destacando el famoso vino malvasía que llegó a ser citado por literatos como Shakespeare, la isla tomó gran importancia comercial, construyéndose en ella unos astilleros que aprovechando la riqueza maderera de los montes isleños sirvieron como base para la construcción de veleros que harían la ruta de las Américas.

 

Esta relevancia económica alcanzó niveles de grandeza, llegando a ser su puerto  considerado el tercero del Imperio junto con los de Amberes y Sevilla, residiendo en su capital, Santa Cruz de La Palma,  el primer Juzgado de Indias.

 

Como herencia de esa época dorada en la que, sin duda, La Palma era la isla de mayor importancia dentro del archipiélago canario, y de algunas otras etapas posteriores de auge comercial, nos encontramos hoy con numerosas obras de arte, sobre todo de carácter religioso,  así como edificios históricos de gran valor y espléndido estado de conservación.

 

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